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lunes, 23 de abril de 2012

Una Reflexión en el Día del Idioma




Por pepemedina el 22 de Abril 2012 11:09 PM
UNA REFLEXIÓN EN EL DÍA DEL IDIOMA

Las más grandes hazañas
pierden su lustre
si no se las amoneda
en firmes palabras.

Jorge Luis Borges


A los sofistas se les repudió en su época, y mucho tiempo después también; la razón: cobraban por enseñar y no eran voceros de la verdad sino de simples "artimañas" discursivas. La historia les reconoce hoy un majestuoso descubrimiento con el que sus supuestas culpas quedan expurgadas, éste consiste en explicitar la relación entre el pensamiento y la palabra.

Hoy, que celebramos el "Día del idioma", cuando uno de los problemas más urgentes que hay que solucionar en la educación es el de la relación que establecen los estudiantes entre su pensamiento y la forma de expresarlo, tendríamos que repensar esa relación que develaron los sofistas para ver que sin una coherente relación entre lo que se piensa y lo que se expresa no es posible una adecuada educación.

Me la he pasado los últimos seis años de mi vida tratando de responder el porqué de nuestra responsabilidad como profesores universitarios de corregir las deficiencias de los estudiantes en lectoescritura, cuando se debieron haber resuelto desde la primaria. Que en síntesis se traduce al uso de ese idioma que hoy celebramos.

 La cuestión sería la misma que podría plantear un profesor de lengua extranjera: en la mayoría de los casos, en nuestro país estudiamos desde la primaria, por lo general, inglés. Se supondría que al terminar la secundaria dominaríamos la lengua extranjera, pero hay casos en los que los mismos estudiantes de prestigiosos colegios bilingües tienen que salir del país a estudiar el idioma o estudiar en una institución que ofrezca cursos para la cuestión. Por eso las universidades han tenido que asumir tal responsabilidad.

 Entonces, en las materias que ofrecen los programas académicos universitarios deben proponer los cursos de lengua extranjera. He concluido que lo mismo ocurre con la lectoescritura de nuestro idioma. Desde los primeros años de educación formal se enseña la lengua materna, nuestro español, la lengua que nos pertenece, ésa en la que Neruda pronunciaba una queja y una fortuna: "se llevaron el oro pero nos dejaron el oro", nos dejaron las palabras, pero no hemos terminado de resolver el problema de no saberlas usar, sin embargo, celebramos esas palabras.

Hablamos español por una suerte, por una casualidad, porque pudimos hablar árabe o hebreo si los musulmanes y los judíos no hubiesen sido expulsados de la Península Ibérica, casualmente, en el mismo año en que Cristóbal Colón llegó a la Española y en el mismo año que se publicó la primera gramática de la lengua castellana a manos de Don Elio Antonio de Nebrija. 1492 fue el año de la marca del idioma del futuro, ése que se afincó en este lado de la tierra donde se hablaban variedad de lenguas aborígenes que hoy siguen resignándose a desaparecer. Hablamos el español por una suerte de los barcos que atravesaron el Atlántico y se toparon con tierra habitada por pueblos nativos vencidos desde el pretérito.

No me he cansado de pensar un cuento en el que los españoles son derrotados por los árabes y ellos son los que emprenden la travesía por el Atlántico y de repente hablamos árabe y cinco veces al día debemos hacer la "azalá" mirando en dirección a la meca o de repente los judíos tampoco son expulsados y ellos son los que atraviesan el Atlántico y llegan a vivir entre los aborígenes de acá, en fin. Nuestro idioma es una suerte de la historia.

Pensando hoy, en el día de nuestro idioma, me vuelvo a preguntar qué hubiese sido de la literatura en español en el siglo XX si aquí no se hubiese hablado español y veo cómo los escritores españoles actuales han asumido como referente de su literatura a Borges, Cortázar, García Máquez, Fuentes, Vargas Llosa, Cabrera Infante, Lugones, Quiroga, Lezama Lima, Neruda, Arlt, Guillén, el de Cuba, en fin, tantos que injustamente no se pueden incluir en listas como ésta. La literatura de América Latina salvó a la literatura en español de las cenizas.

Y a sabiendas que hemos hecho del español nuestro idioma, nuestra casa, las políticas sobre este idioma las sigue dictando España. A manera de multinacional española, el Instituto Cervantes es el baluarte de ese idioma, es el que certifica el aprendizaje del español en el mundo, y nosotros, como siempre, nos quedamos regodeándonos con nuestro respeto por la Madre Patria. ¿Dónde está el Instituto Caro y Cuervo? ¿Dónde quedó el Instituto de Filología y Literaturas Hispánicas Dr. Amado Alonso? Para citar solo dos ejemplos. Y ante esto no queda más que observar el espectáculo de los congresos y reuniones con el que las academias de la lengua le siguen profesando el respeto a la RAE.

Un ejemplo de lo anterior lo vimos en el caso del periodista uruguayo Ricardo Soca, quien fue conminado por la multinacional Planeta a retirar de su página elcastellano.org las actualizaciones de la nueva gramática de la lengua española, intimidándolo con demandas por usar los enlaces de la página de la RAE.

 Los recursos con los que se difunde el español son públicos pero se tranzan negocios de edición y publicación con las editoriales que restringen el uso y la divulgación solo al que paga. El estudio de un idioma, hoy, como todo, es un negocio... faltará ver si el copyright llega hasta el punto en el  que los poderosos se adueñen de las palabras y tengamos que pagar el derecho para usarlas (McDonalds ya lo hace con "Me Encanta" y advierte de su derecho sobre esta frase).

Hoy, día del idioma, que celebramos que hablamos español, pero queremos de manera estereotipada aprender inglés y disque hasta mandarín, a veces nos olvidamos de lo importante que es saber pensar en español y de lo significativo que puede resultar usarlo bien, esto debería importar a aquellos que estudian, y que estudian pensado, leyendo y escribiendo en español. 

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